martes, 26 de octubre de 2010

SOBRE EL PARQUE DE LA IDENTIDAD HUANCAYO

Ante una primera visión este “Parque de la Identidad Wanca” en la ciudad de Huancayo, podría parecer redundante, recar­gado y mimético; sin em­bargo en una segunda mira­da más reflexiva, se puede encontrar en él algunas al­ternativas al entrampa­miento en que se debate una arquitectura de enorme arraigo popular, que viene multiplicándose en nuestras grandes ciudades. Para comenzar, tal ha sido la acogida de este parque, que se está construyendo una zona de estacionamiento y un centro de degustación de comidas típicas, adyacentes al ingreso.
El interés es múl­tiple, pues acuden a él inte­lectuales, movidos por los mitos y leyendas que se desarrollan en este lugar, pobladores que llegan a admirar la revaloración (le sus artesanías y de sus folkloristas más insignes. O quienes vienen a disfrutar de la variedad de especies de flora nativa que puebla el parque,

Niños que tienen a su disposición diversos juegos para entretenerse, así como quienes quieran hacer todo un recorrido, matizado por lugares dónde sentarse a conversar o simplemente a observar y escuchar el sonido del agua, respirando el aire puro.

La identidad de este parque comienza con la piedra, cada planta, cada imagen que puede ob­servarse, pues todas ellas pertenecen al lugar y a la tradición wanka, presentada cuidadosamente en un tra­bajo arduo y detallista que tomó dos años en su realización.

Se puede sentir cómo la concepción y los planos de los arquitectos, que no podrían ni en mil dibujos precisar tanto detalle, pasaron a manos de un conjunto de artesanos y jardineros que le dieron el acabado final a su manera. Por eso en la placa de ingreso, junto al nombre del arquitecto Luis A. Cano Aliaga, del Ing. Forestal Máximo Jhon Lizárraga y del Arq. Residente Lucio Ma­mani Ccalla, figura el de los 45 colaboradores y corres­ponsables de la obra, a la manera de los antiguos constructores medievales, que duchos en cada aspecto y parte, contribuían a la edificación del conjunto. Aunque si se debe señalar precedentes más cercanos, se podría mencionar el Parque Guell de Gaudí, e incluso las obras de los mismos arquitectos en el Cerrito de La Libertad en el propio Huancayo, donde se ensayan algunas propuestas que luego mejoran en este conjunto y el Parque del Amor en Lima. que curio­samente fuera dirigido por el pintor Víctor Delfín, con la participación de estu­diantes de arte y no por ar­quitecto alguno.

El conjunto tiene una estructura de circuito peatonal explicito, que va acompañado de un recorrido implícito de agua, que co­mienza como un murmullo que transcurre porcanales y bajo curvados puentes, llegando luego a fuentes y finalmente a una pequeña laguna. Como nudos de un rosario que avanza, este circuito va llegando a hitos diferentes que exaltan figuras de tamaño natural representando a los más afamados músicos, las que se intercalan con mates burilados, garrafas gigan­tescas y castillos con forma de hormigueros.

El ingreso mismo es otro hito que permite subir por una escalinata para poder apreciar desde lo alto el tejido del piso que se extiende teniendo como superficie un entramado de piedras de colores que sigue una configuración ondu­lante fitomorfa y geo­métrica. Las columnas del ingreso parecen sustentarse sobre raíces petrificadas que se hunden en el suelo luego de estirarse y retorcerse, dejando explícita la iden­tidad: columna-árbol.

De estos troncos se ramifican brazos que suben por los muros coinvirtiéndose en hojas y frutos pétreos que sirven de fondo alas plantas verdaderas, sin confundirse con ellas. También el reino animal participa en esta alegoría con ondulantes barandas de los balaustres, que se tornan en serpientes de afilada dentadura, y cabezas de puma que extienden sus garras. No podía estar al margen el reino mineral con cerros continuos, re-presentados por muros pé­treos que suben y bajan, se acercan y se retiran sirviendo de cerco al parque.

Pero todas estas semejanzas y alegorías a los reinos vegetal, animal y mineral, se terminan cuando se llega al mobiliario urbano de bancas, basureros y faroles, que son realizados en fierro, con una expre­sividad muy limitada, ciñéndose más a un patrón neocolonial que a la riquí­sima experiencia de los orfe­bres en su trabajo de fili­grana en la joyería wanca, que tímidamente aparece en las rejas de ingreso. Es importante señalar que en los casos más interesantes, la imagen arquitectónica no llega directamente de la visión de la naturaleza, sino que pasa por el diseño que alguna artesanía ha reproducido previamente a partir de la realidad, recomponiéndola en otro contexto. Como en el caso del cerco, que alude a las montañas, que se repre­sentan ondulantes en diver­sas expresiones de la artesanía huancaína. O en el caso de los pisos, que toman el tema de extensas ramifi­caciones de hojas y flores que ornamentan común­mente los mates burilados. No sucede lo mismo desgraciadamente cuando se acude al recurso mimético de construir una maqueta pero al revés (porque es 50 en 1 y no en 50), de un gigantesco mate. Allí no hay descompo­sición ni recomposición en otro contexto, sino pura y llanamente una ampliación de escala.

 En el ingreso tam­bién se encuentran junto a manejos libres y vibrantes de la forma como en las raíces, ramas y hojas que se mezclan con escalones y superficies horizontales tratadas, otros que le restan fuerza al conjunto, enca­sillados en tipologías for­males neocoloniales de arcos y balaustres. Pero no se puede seguir escarbando y separando los logros de los deméritos en un intento de disectar esta obra que es una. Lo importante es que a pesar de sus limitaciones, este parque constituye un paso adelante con promesas y posibilidades que se sos­tienen en una nueva relación entre el arquitecto y el maestro artesano así como entre la obra y el público.

Una nueva rela­ción que viene desde la concepción de una arqui­tectura que recoge el men­saje de la naturaleza tami­zado y trabajado por la arte­sanía y que también ensaya una nueva vinculación entre arquitecto y artesano en la ejecución de la obra reva­lorizando el rol del segundo, reconciliando a la arqui­tectura con las otras artes plásticas y artesanías. Otra reconciliación no menos importante que hace mucho debe la arquitectura es la que tiene que darse con su público y obras como éstas tienden el puente para hacerlo. Es en este camino que podemos hablar de la identidad como promesa a ser trabajada y discutía, sin buscarla en la repetición, sino en la alternativa de recreación y recomposición cultural.

Mientras tanto hay que aplaudir estas inicia­tivas, señalándoles sus inconsecuencias, para que mejoren, esperando que superen la vía del aplauso fácil y multitudinario popular que seguramente será incondicional, a la vez que fácilmente impresio­nable ante chullos o mates burilados monumentales. Les proponemos más bien la vía difícil y seria de crear una arquitectura alternativa, pero eso es perder la frescura y el humor que están presentes en expresiones como la que se ha comentado aquí.

Mención aparte e igualmente digna de aplauso es la gestión municipal que ha hecho posible la cons­trucción de este parque y que viene impulsando la participación de sus arquitectos y artesanos en la definición de su ambiente urbano.

*articulo publicado en la revista 1/2 de CONSTRUCCION

2 comentarios:

Mimi C.P dijo...

gracias por la información me sirvió para realizar un trabajo :)

Mara de Paula dijo...

Parque maravilhoso,la tudo é encantador,onde além de apreciar o lugar fantástico, tivemos a oportunidade de ser recepcionado por um guia mirim,que simplesmente nos encantou pelo conhecimento e simpatia.Se for a Huancayo não perca a chance de conhecer,vale muito a pena.Adoraria voltar.